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Escribo cuentos y novelas, doy clases, hago de periodista, traduzco. "Se esconde tras los ojos" (Alfaguara, 2000; Premio Clarín de novela) "Tangos chilangos" www.tangoschilangos.wordpress.com " Los destierrados" , El fin de la noche, 2009

Monday, September 04, 2006

Lado B: Marcelo

Todos en el pueblo dicen haberlo conocido de chico, pero lo cierto es que entonces nadie le prestaba mucha atención. Él lo recuerda bien: cada chica que lo despreció, cada chico que no lo eligió para su equipo de futbol, cada compañero de clase que no le prestó la goma de borrar, cada dueño de cada negocio que le negó el fiado, cada agente de policía que le pidió documentos, cada persona que en cada trabajo lo rechazó. Presume en los reportajes de la infancia feliz de cualquier chico de pueblo, y dice que le gusta volver para encontrarse a sí mismo lejos de las cámaras, entre las personas que lo vieron crecer, pero lo que él conoció fue el infierno grande que los pueblos chicos le reservan a sus descastados, los que menos se adaptan a la dura supervivencia de caminatas por la calle principal los fines de semana y fiestas a las que siempre las mismas personas no son invitadas y un solo colegio y un solo club, todo el pueblo una gran puerta que se les cierra en la cara.

Se fue de allí, no porque le faltaran espacio a sus sueños de grandeza sino porque le sobraban lugares a sus malos recuerdos: esquinas en las que había sido ignorado, zaguanes en los que había sido humillado, fiestas a las que no debió haber ido, salidas a las que nunca fue invitado, veredas en las que corrió para escapar de las burlas o los golpes de sus compañeros de colegio, calles de las que sólo conoció el asfalto en el que fijaba la vista para no cruzar la mirada con nadie.

En Buenos Aires, donde nadie lo conocía, se dedicó a exorcizar sus fantasmas hasta convertirse en lo que nunca habría imaginado ser, allí donde nada le recordaba su inagotable historia de fracasos, donde nadie lo había visto nunca fracasar.

Entonces floreció su personalidad ganadora, entradora, popular, atractiva. En una ciudad grande podía cambiar de ambiente si daba un paso en falso, pero a los pocos meses de llegar se encontró con que ya no necesitaría mudar de piel. Allí empezó su biografía oficial, sus primeros trabajos en los que era menos que el segundón de personas más reconocidas, el lento camino hacia las verdaderas oportunidades que llegarían con los años. Y con esas oportunidades, la única que en verdad le importaba: su presente exitoso y su futuro promisorio le compraron de a poco un pasado feliz, en un pueblo donde nadie se atrevía siquiera a recordar las cosas que habían pasado. Las calles estaban ahora llenas de viejos amigos, de hermanos del alma, de anécdotas felices que todos los demás se esforzaban por recordar o bien por inventar.

Él supo agradecer estas oportunidades, y junto con los demás actuó el funeral de sus malos recuerdos que sin embargo él aún recuerda, así como todos los demás, por más que se esfuercen en desempolvar fotos en las que se los ve sonrientes y juntos y contentos, felices como sólo puede serlo cualquier chico de pueblo.

Y en el pueblo compró una casa.

Y cuantas veces pudo mudó al pueblo su programa de televisión.

Y compró el club del pueblo.

Y donó, financió o fundó suficientes cosas como para que n el pueblo no hubiera forma de evitar su nombre.

Y ahora todos, porque lo conocen de antes y saben que detrás de esa alegría, de ese éxito, de esa catarata de buenas acciones, está el mismo chico cabezón, torpe y resentido que ellos supieron despreciar, el que no se vengó sólo porque no tenía los medios para hacerlo, esperan que algún día se coma al pueblo de Bolívar de un solo bocado, que los saque del mapa más rápido de lo que los puso en la televisión, que les cobre de a una y con intereses cada afrenta.

Pero, por el momento, todos sonríen y esperan.

2 comments:

mara pérez said...

sos ácido, niño. leí un par de comments tuyos en el blog de tomas.
saludos.

Ulschmidt said...

Muy bueno lo suyo !! Habrá que reconocer que una motivación negativa en la niñez puede originar el triunfo en la edad adulta ( a Hitler, de adolescente, las chicas no le daban bolilla)